Sonidos con historia - Música en Santo Domingo
- lauraragucci
- 17 may
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La Basílica del Santísimo Rosario es uno de los templos de la ciudad de Buenos Aires que mejor conserva sus líneas originales. Fue consagrada en octubre de 1773, a pesar de que no se encontraba totalmente terminada, cosa que sucedió recién 30 años más tarde. Su significación histórica es muy alta. Los ingleses se atrincheraron en este edificio y los cañones criollos dejaron su impronta en su fachada. Allí fue donde se reunieron Manuel Belgrano y Santiago de Liniers, tras liberar a la ciudad de Buenos Aires de las tropas inglesas, para ofrecer las banderas tomadas al ejército enemigo a la Virgen del Rosario.
Además de todo eso, tiene un bellísimo órgano de tubos de la prestigiosa fábrica alemana Walcker y Cía. Se trata de un instrumento magnífico de 35 juegos reales y transmisión electro-neumática, que cuenta con unos 1700 tubos. Su ubicación en la basílica es destacada, ya que ocupa el lugar del histórico altar mayor que fue quemado por el peronismo en 1955.

La organista actual, Julieta Giordano, está haciendo un trabajo formidable, para revalorizarlo y darle el lugar que merece. Una vez al mes se hacen visitas guiadas al órgano, la próxima será el 7 de junio a las 14 horas. Generalmente se hablar de las características del instrumento y se ejecuta alguna pieza breve. La visita es gratuita, aunque se solicita, a quienes puedan, que realicen una pequeña donación, para pagar la afinación, que dada la gran cantidad de tubos, siempre es parcial y bastante onerosa.
Además, se ofrece desde que salimos de la pandemia, en 2022, un ciclo de conciertos mensuales, que acaba de iniciar con un bello encuentro este domingo 17 de mayo a las 16 horas. Julieta Giordano interpretó obras alemanas en la primera parte del concierto y francesas en la segunda. La fantasía y fuga en do menor, BWV 537 de Johann Sebastian Bach, con sus bajos profundos, hizo vibrar a todos en sus sillas. El preludio coral “O Mensch, bewein dein Sünde groß”, BWV 622, más reflexivo y calmo, sonó majestuoso. La última pieza de Johann Sebastian Bach fue el preludio coral “Komm, Gott Schöpfer, heiliger Geist”, una delicia.
A continuación se interpretaron dos piezas de Johannes Brahms, el preludio coral “Herzlich tut mich erfreuen”, op. 122 N°4 y el op. 122 N°1 “Mein Jesu, der du mich…”. Estas piezas íntimas y espirituales, compuestas poco antes de su muerte, son verdaderas obras maestras. El carácter expresivo del romanticismo se entrelaza aquí con la forma contrapuntística del barroco, lo que recuerda a su admirado Johann Sebastian Bach. Los ornamentados coros, que exigen gran virtuosismo, contrastan con los interludios, que confieren a estas piezas mayor profundidad y un cierto misticismo.
Luego de una pausa, para cambiar el registro y explicar de que este órgano no tiene el registro “oboe”, que anotó Franck para la melodía en el “Preludio, fuga y variación en sí menor”, op. 18 (FWV30) de César Franck, se interpretó la pieza, que es de una delicadeza sutil. El preludio evoca el estilo de Bach, la fuga es muy expresiva y el tercer movimiento, retoma el tema del preludio y realiza variaciones bellísimas. El concierto culminó con el “Chant héroique” de “Nueve piezas para órgano”, op 40 de Jean Langlais. Una pieza muy sonora, con acordes potentes y armonías polimodales, que utiliza toda la riqueza de sonido de este precioso órgano.
El próximo concierto se celebrará el domingo 14 de junio, a las 16 horas, y estará a cargo del descatado pianista y organista Esteban Rinsky. Una oportunidad imperdible, para todos los que estén en Buenos Aires.



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