El Jazz argentino tiene nombre y apellido
- lauraragucci
- 5 ene
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Primero la música, los acordes jazzeados en una guitarra virtuosa. Luego la luz nos enceguece, lentamente reconocemos objetos, tomados muy de cerca, en un blanco y negro de otros tiempos. La cámara se pasea por distintos instrumentos, se detiene en las teclas de un piano, una partitura, un hombre de espaldas, para finalmente flotar sobre el cielo porteño nocturno, mientras voces en off hablan, muy elogiosamente, de una persona, que aún no identificamos. La toma exterior da paso a un disco girando en la bandeja de un tocadiscos flanqueados por estanterías repletas de libros y longplays. La historia comienza a desarrollarse en primera persona. Así da inicio Señor Jazz – la película de Carlos Inzillo - primer trabajo conjunto de dos jóvenes y talentosos directores argentinos, Federico Sotelo y Javier Hornos.

Es notable que la evolución de todo un género músical pueda relatarse a partir de la historia de una única persona. Un hombre que, además, aclara que no es músico. Carlos Inzillo es un hombre sencillo, sus dos grandes pasiones son el Jazz y Racing, su club de fútbol favorito. Toda su vida gira en torno a esos dos ejes. Carlos se define como un periodista, pero esa etiqueta le queda chica. Durante más de 40 años ha sido un referente de la cultural, trabajando incansablemente en el mítico Teatro General San Martín del centro porteño. Esa posición le ha permito un gran logro, el de sostener Jazzología, un ciclo semanal dedicado a difundir el Jazz en todas sus variantes.
El documental, que combina eficazmente el blanco y negro con las tomas color, nos invita a recorrer los momentos clave de este género musical, enhebrándolos con maestría y aportando a su vez una mirada íntima de este gran personaje de la cultura. Vemos su casa, a su familia, el negocio de su padre, innumerables estanterías tapizadas de discos, pero sobre todo, oímos jazz en todas sus formas. Grabaciones históricas que, aunque a veces carezcan de la fidelidad a la que nos ha acostumbrado la tecnología actual, mueven otras fibras, más íntimas y otras más modernas, que nos deleitan por la maestría de los ejecutantes.
Sergio Pujol y Claudio Parisi aportan los datos históricos, mientras que los músicos y el mismo Inzillo enriquecen el relato con anécdotas personales y comentarios sobre la escena jazzística local. Así nos enteramos de que las orquestas de tango de los años 30, como la de Fresedo o Firpo, incorporaban a su cuerpo un par de metales, a los que llamaban “pistones”, para poder tocar Foxtrot o Jimys, cuando los habitués de los salones de baile se cansaban de tanto tango y pedían Swing.
La película se detiene en la vinculación entre el Tango y el Jazz, destacando que Fresedo y Dizzy Gillespie graban juntos un par de tangos durante la visita del afamado trompetista y compositor afroamericano a Buenos Aires en 1957. En efecto, es posible encontrar en youtube grabaciones de “Vida mía”, tango compuesto por el mismo Osvaldo Fresedo, “Capricho de amor” de Pérez Prechi y Horacio Sanguinetti y “Adios muchachos”, el tango de Vedani y Sanders inmortalizado por Carlos Gardel, que dan testimonio de esa efímera colaboración entre ambos.
Es un verdadero placer ver desfilar frente a la pantalla a las grandes figuras del Jazz nacional, pianistas como Manuel Fraga, el trompetista Alfonso Fassi y referentes más jóvenes como Andrés Pellican, relatando sus mejores historias sobre encuentros con míticos personajes, como Louis Armstrong, que tocó varias semanas en Buenos Aires o comentando sus mejores conciertos. Se nombran los lugares más emblemáticos, como el Hot Club, refugio de los cultores del Jazz más tradicional y el Bop Club, donde se tocaba un Jazz más sincopado. El Círculo de Amigos del Jazz cuenta con Inzillo como su vicepresidente. Allí surge una tradición, el Jazz de los martes. No quedaron fuera Lalo Schiffrin, recordado por sus bandas sonoras para cine y televisión, ni el Gato Barbieri, que se hizo famoso por tocar free Jazz en Europa. También hicieron un lugar para Astor Piazzola, como el músico que logró crear puentes entre el Tango y el Jazz. Cuando las personalidades en cuestión ya nos están, los directores supieron encontrar fragmentos televisivos que les permiten “hablar en ausencia”.
Se disfruta de la pericia de ambos directores, uno de ellos un gran camarógrafo, a través de sus tomas artísticas de la ciudad, el teatro, la lluvia, el blanco y negro. La edición es cuidada y eficaz, con un interesante balance de pausas, momentos introspectivos, como el recuerdo de la caída de una avioneta que trasladaba a los mejores bailarines del teatro Colón, relatos personales en la voz de Humphry, el hijo de Carlos, o las tomas de época del ciclo Jazzología.
Casi la mitad de los 80 minutos que dura el film, están dedicados a la actividad de Carlos Inzillo como creador y programador del ciclo Jazzología. Una verdadera perla de la cultura, que no tiene parangón en toda América Latina. Durante 40 años músicos de todos los estilos de Jazz respondieron a la invitación de Carlos a tocar en el Teatro San Martín. Inzillo fue motivo de la creación de varias piezas, como por ejemplo “Arco chico”, como broma futbolística, o una dedicada a él mismo, bajo el título de Jazz Carlos, la cortina que musicaliza toda la película. Y así como empezó, termina, con la voz de Carlos explicando que su pobre interpretación del clarinete fue el puntapié inicial para una frondosa carrera como el mayor referente del Jazz en Buenos Aires.
Ficha técnica
Título: Señor Jazz, la película de Carlos Inzillo
Año: 2024
Duración 82 minutos
País: Argentina
Dirección y edición: Federico Sotelo y Javier Hornos
Guión: Sotello y Hornos en colaboración con Juan Pablo Granados
Música original: Ricardo Pellican
Productora: El Doctor Producciones Audiovisuales



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