Para espectadores "ávidos"
- lauraragucci
- 18 mar
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El 12 de marzo de este año se estrenó, en la sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes, “El ávido espectador”, la obra póstuma de Alejandro Zingman. Carolina Adamovsky, amiga íntima del dramaturgo, dirige la obra y es, además, parte del breve elenco.

Alejandro Zingman fue un gran apasionado del teatro. Desempeñó todos los roles posibles: actor, dramaturgo, director y docente. Dio clases de actuación en el Centro Cultural Rojas y el Teatro General San Martín entre otros. En los últimos meses de su carrera se dedicó al Miniteatro. “Qué cosa tu familia” y “Fácil es pedir” son algunas de las piezas que escribió y dirigió. Su obra más conocida y representada es sin duda “Litósfera”. Escrita y estrenada en 2011, este drama complejo sobre dos músicos, formó parte del Festival Escena en 2012 y fue representado en la sala Luisa Vehil del TNC como homenaje, al poco tiempo de su deceso.
También en esa ocasión se leyó la pieza que hoy nos ocupa: “El ávido espectador”. La escenografía es simple, casi neutra. Un sillón blanco y una mesa baja dominan la escena. Hay algunos objetos excéntricos, que aportan a la trama. El vestuario es cotidiano, sin detalles destacables, salvo el rodete de la artista plástica, armado con unos palitos chinos. A la sencillez de la escenografía y el vestuario se opone la complejidad del texto, que se va desarrollando de a poco, ganando en intensidad con el correr de los minutos, por momentos bordeando la comedia, en otros la tragedia. Zingman maneja el absurdo con gran destreza. El giro final, “a lo Pirandello”, es tan inesperado como magnífico.

La pieza presenta un grupo de amigos, íntimamente unidos por el teatro, sus vivencias, sus anécdotas. El espectador se reconoce inmediatamente en esas risas cómplices, los comentarios, que aluden a distintos realizadores del medio, aunque sin nombrarlos. Es fácil olvidarse de que se está en el teatro. La atmósfera es relajada, nadie declama largos parlamentos, ni plantea ideas profundas. Se despliegan todos los recursos del teatro del absurdo: las tramas circulares, los personajes arquetípicos y planos, el humor negro, la farsa, las acciones sin sentido. Sin embargo esa ruptura de la lógica convencional no busca reflejar angustia, ni falta de sentido. Lejos de eso, podemos afirmar que el tema subyacente es la amistad, cómo se construye y cuáles son sus códigos internos.
La obra se sostiene por la brillante interpretación de los actores. Analía Sanchez actúa su papel a la perfección, formada por grandes figuras de la dramaturgia argentina, también participó del taller de clown de Castiñeiras y estuvo nominada para varios premios, entre ellos el Florencio Sánchez y el ACE, como actriz revelación. Juliana Muras ha trabajado tanto en argentina como en el extranjero, también ha participado en rodajes y da clases de entrenamiento actoral. Su manejo del personaje es excelente. Javier Lorenzo también cuenta con una amplia experiencia actoral. Participó en más de 25 espectáculos teatrales y recibió el Premio Teatro del Mundo en la categoría de mejor actor. Su rol es difícil, pero lo desempeña sin quiebres. Mariano Sayavedra ha trabajado con los directores teatrales más conocidos del medio e intervino en varias películas y series de plataformas. Su papel es clave y tiene a su cargo varios momentos bisagra. Impresiona su gran naturalidad. La breve aparición de Carolina Tejeda es magistral desde todo punto de vista. Sólo una actriz tan experimentada y formada como ella puede hacer esa entrada con tanto aplomo.
La participación de Carolina Adamovsky, en su doble rol de actriz y directora, merece un párrafo aparte. Es una gran docente, inició impartiendo talleres de actuación y dirigiendo el elenco de la Universidad Di Tella. Es profesora de Actuación III y IV en la UNA (Universidad Nacional de las Artes), da talleres en el Teatro San Martín y tiene su propio espacio de formación de actores, desde hace más de 25 años. Estuvo becada en el Instituto Teatral Internacional en Berlin, Alemania y participó del montaje de Otelo bajo la dirección de Jette Steckel en el Deutsches Theater de la misma ciudad. Ha trabajado incansablemente en distintos roles y ha declarado en un reportaje con Laura Gomez, cronista del diario Clarín, que está muy emocionada porque perteneció al grupo de amigas que acompañó a Alejandro Zingman en el proyecto. En principio se veía como actriz, pero finalmente se ocupó de armar el elenco y asumió la dirección porque, según relató en la misma entrevista “tenía la obra en el cuerpo”. Un gran esfuerzo que rindió sus frutos.
El ávido espectador se presenta de jueves a domingo a las 21 horas en la Sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes. Las entradas son muy accesibles y vale la pena. ¡No se la pierdan!



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