227 lunas - una promesa incumplida
- lauraragucci
- 24 nov
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La última película de Brenda Taubín "227 Lunas" se inscribe, por decisión propia, dentro de la categoría de cine documental, un género que no ha dejado de evolucionar en las últimas décadas, dando lugar a distintas formas, como los documentales-web, que siguen narrativas no lineales, o el cine ensayo, que combina la reflexión personal con la porción de realidad reflejada. Sin embargo, su principal función supo ser la de dar testimonio de la realidad y, por ende, de una manera de entender el mundo y operar en él.
En palabras de Allen "El documental se justifica como una categoría cinematográfica sobre la base de su habilidad para replicar la realidad, no con el propósito central de entretener o divertir, sino como evidencia y argumento. Para el documental la verosimilitud reside en la capacidad del cine para proveer registro visual de los eventos que suceden frente a la cámara (...)". (Allen 1977: 37)
Bill Nichols (teórico y crítico de cine americano) elabora, en 1991, una clasificación del género en 6 modos y dice lo mismo de otra manera. En el documental de Taubín estamos ante un clásico modo de observación. La directora trata de llegar al fondo de la cuestión, interfiriendo lo menos posible en el desarrollo de los hechos.
La trama podría resumirse de la siguiente manera: Alejandro, quién desde niño se ha sentido atraído hacia los planetas y lunas, crea planetas a escala en forma artesanal, basándose en fotos de la NASA. La Agencia Espacial Europea lo contacta para encargarle la confección de 227 réplicas de las lunas de Júpiter, que serán entregadas como souvenirs de una misión a Júpiter a punto de lanzarse. Un muy sorprendido Alejandro acepta el desafío y termina presenciando el lanzamiento del cohete en la Guyana francesa.
El puntapié inicial muestra a Alejandro en su familia, es gay, su pareja tiene dos hijas, ya mayores, que lo describen primero como concubino de su padre y luego como "bizarro". Nada de explica de la dinámica familiar, que queda en una respetuosa nebulosa. Podría argumentarse que no viene al caso para la trama. De acuerdo.
Se presenta a la madre, que ha guardado celosamente las fotos que su hijo solicitaba a la NASA y que confiesa no entender, cómo es que alguien de la agencia europea lo contacta. En sus propias palabras: "Este hombre, ¿sabrá lo que hace mi hijo?"

Luego se presenta a Alejandro trabajando en un taller, con niños, ayudándolos a crear sus propias lunas. Esta secuencia está intervenida con imágenes del clásico de Georges Meliés "Viaje a la luna" de 1902. Hay alguna escena paródica en la que se incerta un rollo de cartón en el ojo de Alejandro. Nunca sabremos si ese taller es su forma de vida, un hobby o una decisión del momento, para crear más lunas para la película.
Dicho todo esto se comienza a notar un cierto paralelismo entre el documental mismo y la vida de Alejandro. La idea de los planetas a escala es muy buena, la idea de hacer el documental, también. Sin embargo la realización no está a la altura del la idea.
Sin ánimo de espoilear la película, procederé a relatar que, después de muchas semanas (2 meses largos), Alejandro decide que no puede hacer 227 lunas y se lo comunica al director de la misión espacial, que se muestra muy comprensivo, aunque se ha quedado sin souvenirs para su equipo y con un tiempo tan mínimo, que le resultará imposible encontrar otra opción. Aquí surgen algunos interrogantes, tanto para Alejandro como para Brenda. ¿Por qué tarda tanto Alejandro en comunicar que no está en condiciones de cumplir con el pedido? Hace 3 lunas por día, según su propia aseveración. En honor a la verdad, el tiempo le alcanza, pero se estresa, se enferma, necesita hacer otras cosas. ¿Por qué nadie lo ayuda, por qué no pide ayuda? ¿Por qué Brenda no aprovecha y da cuenta del proceso de creación de las esferas? ¿Por qué no permite que Alejandro explique la situación, que ponga en palabras sus sentimientos, al ver que no llega? Hay muchas incógnitas más, pero quedémonos con estas.
Esta película es un vivo retrato del argentino promedio, que tiene grandes ideas, únicas e interesantes, pero no puede ejecutarlas, más que a una escala mínima. Alejandro fracasa, decepciona a quién puso su confianza en él para hacer los souvenirs y no parece sentirse mal por eso. De hecho, se lo ve muy feliz, cuando luego de comunicar que no lo hará, da un paseo en bote por el río. Viaja a la Guyana, sin conocimientos del idioma, ni compañía que pueda traducir lo que dice. Visita el Centro Espacial y entrega un Júpiter y las 4 lunas de hielo en miniatura como regalo para el jefe de la misión (ni siquiera lleva todas las que logró armar en esos dos meses), pero además, lleva unas pocas que hicieron los niños en el taller. Busca asistir al lanzamiento, critica el español de la única mujer que lo ayuda y pretende que ha logrado conseguir su sueño, cuando por fin asiste al despegue, lejos, muy lejos del Ariadne V.
El documental entero es un vivo retrato del argentino promedio. La cineasta tuvo una gran idea, única e interesante, pero no supo ejecutarla. Hay escenas ridículas para llenar el vacío, vemos, por ejemplo, como Alejandro se hace un té de anís "estrellado". Vemos como una señora, que nadie nos presenta, se tatúa en el antebrazo una representación esquemática de júpiter y sus 4 lunas. Lleva una cámara a Guyana, pero no habla francés, ni inglés en forma suficiente, como para poder interactuar con la gente del lugar. No capta una sola idea de la gente del lugar, no comenta su propósito, no les muestra una luna a escala, que, quizás, hubiese sido una linda idea, para los que están esperando ver el despegue. Nada, un gran vacío, una promesa incumplida.
Brenda y Alejandro tienen "el infinito, en la palma de una mano" y no lo disfrutan, no lo muestran, no lo disfrutan. Rescato la última escena, en la que Alejandro y ese niño-astronauta, que nos acechó durante toda la película, se saludan. Son argentinos, son infantiles, no están a la altura del desafío, son una promesa incumplida.
Ficha técnica:
Año: 2025
Duración: 76 min.
Guión y dirección: Brenda Taubin
Música: Andrés López Feijóo
Coproducción Argentina-Francia;



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